El Pais

From the 11 May El Pais, reported by Jaume Vidal (and you should be able to translate it to English through Google):

El británico Neil Gaiman (1960) es uno de los guionistas de cómic más influyentes de los últimos 15 años. A finales de la década de 1980, junto a Dave McKean, un dibujante que incorporaba al cómic técnicas pictóricas y fotográficas, convulsionó el mundo de la historieta con Violent Cases y Orquídea negra. Neil Gaiman es también escritor literario. Coincidiendo con la celebración del Salón del Cómic de Barcelona ha acudido a la capital catalana para presentar Coraline, su última novela publicada por Salamandra. Una de las novedades de estos días en el festival tiene guión suyo: El día que cambié a mi padre por dos peces de colores (Norma Editorial), un innovador cómic con ilustraciones de Dave Mckean.

El trabajo como guionista de Gaiman hay que contextualizarlo en un momento importante para el cómic anglosajón en el que aparecieron historietas de gran trascendencia como Watchmen, V de Vendetta, del guionista Alan Moore, y Batman, el Señor de la Noche, obra con la que el dibujante estadounidense Frank Miller dio un giro conceptual y gráfico al cómic de superhéroes. “Lo que sucedió a mediados de los ochenta ha tenido gran influencia en el cómic actual. Ampliamos el horizonte de lectores de cómic al descubrir que había historietas que podían ser literarias e inteligentes”, explica Gaiman. El interés que provocó el cómic a un nuevo público propició la creación de librerías especializadas hasta entonces inexistentes en Estados Unidos. “Conseguimos que obras de aquella época como El Señor de la Noche, Wachmen, Sandman (Neil Gaiman),
Love and Rockets (Hermanos Hernández) y Jimmy Corrigan
formen ahora parte del canon de los cómics”.

Sandman es precisamente una de las obras de Gaiman que le catapultó al estrellato en el mundo del cómic. En ella establece un puente entre la vida real y el más allá, que le permite hablar de asuntos de interés humano a partir de singulares personajes como Muerte. “Sandman fue el inicio del movimiento gótico. Hay quien se sorprende de que exista ahora mucha gente que se vista como mis personajes, pero en 1987, cuando creé la serie, no había nadie que lo hiciera”.

En su faceta como novelista, Gaiman ha publicado en España a través de Norma Editorial Neverwhere, Humo y espejos y Stardust. Ahora con Salamandra intenta dirigirse a un público más amplio con una fantasía en la que una niña se introduce en un mundo paralelo al suyo. “La diferencia entre escribir un libro y un cómic es que en un relato literario las palabras van dirigidas a la imaginación del lector, y el guión de cómic es una especie de carta dirigida al dibujante para inspirarle imágenes”. Gaiman no cree que un buen novelista pueda ser un buen guionista. “Generalmente, los novelistas suelen ser buenos ensayistas y críticos literarios. Hay menos que puedan ser buenos poetas y aún que sean capaces de escribir una obra de teatro. Pero casi ninguno puede hacer un buen guión de cómic”. Recuerda un fenómeno que se dio a finales de la década de los ochenta relacionado con estas afirmaciones. “Los editores, al ver el éxito de la novela gráfica [denominación anglosajona referida al cómic de autor de calidad y bien editado] insistieron a novelistas de éxito para que escribieran guiones de cómic. Fue un fracaso; hicieron el ridículo porque para el cómic, además de oficio, se requiere saber pensar en imágenes. En este sentido, un guionista de cómics, con quien tiene más similitudes es con un guionista de cine”.

Gaiman ha trabajado en guiones de superhéroes dando una nueva dimensión a este género. Observa una marcha atrás en ciertos logros. “Desde el atentado a las Torres Gemelas, los superhéroes vuelven a ser muy tendenciosos”, explica. “No hace mucho que la derecha estadounidense acusaba de antipatriota al Capitán América porque hablaba sobre el sentimiento de culpa norteamericano”.

Sobre el futuro del cómic, Gaiman conserva la fe en el formato tradicional. “En Reinventing Comics [La revolución de los cómics. Norma Editorial], Scott McCloud piensa que el futuro del cómic es digital. Cree que Internet servirá para abaratar los precios y eliminar la figura del editor”, explica. “A mí me gusta el papel y me gustan los editores. Pienso que no todo tiene que moverse y saltar en una pantalla de ordenador”. Recurre a los clásicos del cómic para argumentar su teoría. “A pesar de lo maravilloso que es Internet, no he visto nada con tanto poder e imaginación como las obras que Windsor McCay y George Herriman realizaron a principios del siglo XX, en los comienzos del cómic”.